ENE
06
2010
2010 comenzó con buenas noticias para la economía en América Latina. Este año llega con un pan bajo el brazo, han dicho respetados analistas durante el último tramo del 2009 y principios de enero. Sin embargo, no todo es color de rosa en el barrio regional.
Es bueno ser optimistas, pero no tanto. ¿Sabía usted que América Latina está invirtiendo menos en infraestructura de lo que necesita para sostener el crecimiento económico? En otras palabras, cuando la anunciada máquina económica comience a funcionar con toda la fuerza dormida por la crisis, es probable que vuelvan a aparecer los típicos problemas de energía, como ya lo sufren Venezuela y Ecuador.
Decir que en Latinoamérica falta integración es algo trillado. Pero lo que sí preocupa, por ejemplo, es que no exista una conexión de calidad entre vecinos como Colombia y Panamá, o entre Brasil y el Perú. Y así en la última visita a Lima del presidente Lula se haya hablado del asunto, el consenso en el mercado es que en el 2010 el financiamiento para los proyectos de infraestructura seguirá relativamente débil.
América Latina requiere una decisión visible de sus estados que sepan empujar las inversiones, con una visión de largo plazo que no naufrague en nuevos gobiernos que cambien de visión y acaben arruinando una necesaria proyección en infraestructura para los años venideros. Esto último ha sido, ciertamente, una maldición que ha padecido la región a lo largo de su historia.
Lo atrasada que está Latinoamérica en infraestructura con respecto a continentes como Asia, en un especial que nos trae el último número de la Revista América Economía, que además ofrece la opinión de expertos y líderes de opinión en la región, quienes vaticinan los sucesos y tendencias que se esperan en el 2010. Igualmente importante es el tema de portada que concentra a Brasil, sus oportunidades con el Perú y los desafíos que dejará Luiz Inácio Lula da Silva.


Deje su comentario